Seamos como seamos siempre hay alguien que duerme con nosotros, con el que desayunamos, vamos al baño, conoce todos nuestros secretos, ha sido el único testigo de cada uno de nuestros momentos y quién está cuando ya no queda nadie.
Esa persona te habla y te susurra cosas al oído, te envalentona para enfrentarte a lo que te da miedo, o te hace huir. A veces te habla con sensatez y otras te vuelve loca. Es quién te machaca sin misericordia y quién te vuelve a subir el ánimo. Quien te consiente y a la vez te disciplina. Quién escucha lo que quieres, y se aplica en que lo logres, pero que también tiene miedo de los sueños por si acaso se cumplen y a la vez tiene miedo del rechazo y el fracaso. Quién perdona en aras de la armonía y quién le busca los puntos débiles al que te haya hecho daño, quién te divierte con sus ocurrencias pero que a veces no aguantas y de quién te gustaría huir.
Muchas veces esas voces hablan por lo que oyeron de boca de otros. Algunas torticeras y cargadas de veneno.Para realmente poder mirarte con los ojos limpios primero tienes que desprenderte de ellas y volver a empezar desde cero.
Ojalá hubiera una píldora que lo consiguiera, pero suele ser un trabajo que lleva toda la vida, con muchos exámenes sorpresa que a veces superas con nota y otras cateas. El fin es la forma de hacer el viaje. Y ese viaje lo haremos con nuestra propia compañía. Más nos vale llevarnos bien, reconocernos y decidir querernos, hacernos amigas, cuidarnos y ser buenas compañeras.Aún no sé bien como se hace, pero me gustaría. Tal vez por eso esta serie de fotos tiene ese halo tan bucólico, para disimular el caos que a veces me inunda.



