Una mañana me levanté y mi casa se había deconstruído.
Fui al baño y allí me encontré a una payasa atrapada en el espejo.
Consiguió escaparse y me cogió prestada la cámara para divertirnos haciéndonos fotos.
Pero no todo era una fiesta.
También había un demonio acechando detrás de las cortinas.
Y en el espejito del tocador seguían reflejadas las lágrimas que
no había consiguido llavar la lluvia.

«Después de la fiesta».




